Una Leyenda…

El emperador chino Shen Nung era un hombre sabio y erudito. Él insistía que toda la agua potable debía estar hervida por motivos de higiene. Un día, en el año 2737 A.C., el emperador y su corte se reclinaron debajo de un árbol solitario.
Cuando sus hojas soplaron en el agua hirviendo que sus criados preparaban, el emperador sintió un aroma exquisito y de inmediato no resistió y probó la infusión.
Después de este “accidente”, ordenó que se llevaran a cabo extensas plantaciones del árbol de donde procedían aquellas hojas; la planta silvestre del té.